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Revista digital del I.E.S. La Fuensanta, Córdoba, España.
número 9 - ISSN 2172-7880
número 9 » Cine, ocio y deporte »

Remordimiento y Frantz. Comparando las películas de Ernst Lubitsch y François Ozon

15 de mayo, por Rafi Molina

¡¡¡Avisamos: nuestros comentarios contienen Spoilers!!!

En 1932 Ernst Lubitsch rodó su único drama "Remordimiento" y 84 años más tarde, en 2016, François Ozon recupera la misma historia y rueda una versión más cuidada, más amplia y larga, pero menos radical, “Frantz”. Ambas se sitúan en el contexto de la Primera Guerra Mundial.

En Remordimiento de Ernst Lubitsch, el protagonista, Paul Renard, no puede soportar que su confesor le perdone el pecado de haber matado a un hombre. Tiene que buscar el perdón en la familia de su enemigo y marcha a Alemania a reconciliarse. Walter, el alemán al que mató, podría ser él, otro pacifista y músico, pero del otro bando. Paul llegará a convertirse en Walter. La familia alemana lo acoge como un hijo.

La película plasma grandes temas: la prepotencia de la iglesia a través del sacerdote que le dice al protagonista "te absuelvo de tus pecados incluso el de blasfemia" aunque para él no es suficiente. O cómo la vida empuja y puede con cualquier dolor incluso con el más grande: es conmovedora la escena del cementerio donde las madres acaban hablando de la tarta de canela, así como ese padre abatido que se sobrepone en la mesa para animar a sus acompañantes. Y también refleja aspectos cotidianos como el chismorreo impenitente de un pueblo pequeño y aburrido. Pero sobre todo Lubitsch refleja cómo los padres que lloran las muertes de sus hijos en el frente, fueron los que los llevaron ilusionados a alistarse a una guerra contra los hijos que alistan, al mismo tiempo, los padres del país vecino y enemigo.
La obra de Lubitsch, radical y pacifista, mantiene el humor, lo que se llamó "el toque Lubitsch", que no le quita seriedad ni rigor ideológico a la película y le aporta sonrisa y ternura.

En el período de entreguerras se cuela esta reflexión pacifista de Remordimiento. Sus protagonistas esperarían que no hubiera más guerras para enfrentar a pueblos vecinos, pero 7 años más tarde empezaría la peor de las guerras que la humanidad ha sufrido. Los alegatos pacifistas cederían ante los nacionalismos, los odios y los fascismos.

François Ozon en Frantz suaviza la historia y sobre todo el papel de la iglesia en las guerras, cuando uno de sus grandes mandamientos es no matarás. Esto no quita que antes de cada batalla, cada ejército rece a dios para matar a más enemigos que ellos y poder ganar. Ambos ejércitos son bendecidos por sus sacerdotes.
Ozón, en una entrevista en la presentación de la película, decía que Europa debería prohibir los himnos nacionales que llevan al odio entre países que tendrían que ser hermanos.

Frantz refleja estos sinsentidos y amplía con una vuelta de tuerca feminista.
Anna, la novia del soldado alemán no se resigna al miedo o la cobardía de Adrien, el soldado francés y marcha a Francia en busca del amor. La peli de Ozon se centra más en la chica, dolorida por la pérdida, que revive y cura un amor con otro. El protagonista de Ozon va a Alemania buscando perdón o redención y la chica va a Francia buscando el amor, porque todos tenemos derecho al amor, según la tesis de Ozon, nuestra novia tiene derecho a buscarlo y revindicarlo.

Parece como si Ozón quisiera mezclar pacifismo con cobardía y muestra a nuestro Adrien francés, como un hombre hecho polvo por la guerra y por la autoridad de su madre.
Las mujeres se mueven mejor dentro y fuera de la guerra y Anna tiene que luchar ahora, no contra ejércitos enemigos, sino contra clases sociales opuestas.
Con un final espléndido frente al cuadro de Manet. Ozón se centra también en la mentira como eje básico de la historia, como una mentira salvadora.

La película tiene una estética preciosa y una bonita música. Parece sencilla pero no lo es, habla de cosas importantes con sencillez.

Pero después de ver Frantz de Ozon, la película de Lubitsch nos resulta imprescindible y entrañable. Es un perfecto alegato contra la guerra. La peli de Ozon también lo es pero la primera es mejor y más contundente.

La película de Lubitsch tiene un comienzo de quitarse el sombrero: un primer plano con un soldado mutilado al que no se ve nada más que las piernas, un desfile militar, unos sables brillantes y en perfecto alineamiento, una iglesia repleta de militares uniformados y llenos de medallas y mientras... cañonazos y más cañonazos que alertan y sobrecogen a los soldados hospitalizados y un letrero "Silencio Hospital"... ¡Con qué pocos fotogramas nos ha dicho tanto!

La factura clásica, la posible afectación en la interpretación de ese casi siglo que separa ambas versiones, ese amaneramiento que puede chocar al ver esta película, se obvia ante la autenticidad y el estilo narrativo. No hay más que ver cuando Paul (Remordimiento) se derrumba (minuto 58´30) al decirle ella que lo ama, resulta muy tierno y nos parece más amanerado el actor de Frantz.

Curioso que Remordimiento sea de un director alemán que filma esta peli antes de la II Guerra Mundial, y Frantz de uno francés que filma esta película cuando se sabe lo que ocurrió en esa atroz guerra. Un juego que da más emoción para ver estas dos pelis juntas:

La película de Ozon con 36 minutos más de metraje no aporta nada al planteamiento pacifista que no sea acentuar el drama. El discurso antibelicista está mucho más diluido aquí, y el papel de la iglesia cambia por completo, pasa de ser una institución cómplice en la masacre a consoladora de conciencias (esto no es ninguna tontería, está relacionado con la radicalidad del discurso) y Ozon sabe todo lo que pasó después de que Lubitsch hiciera su película.

Los tonos de broma que incluye Lubitsch (el toque) no le quitan profundidad ni radicalidad ni suavizan el mensaje. Sin embargo el tono dramático de Ozon no aporta profundidad sino sufrimiento: no se entiende la falta de valor de él, su acomodación a los deseos de la madre y las circunstancias de clase ¿hacer más drama para que parezca más profunda y realista?
La capacidad de síntesis de Lubitsch en el discurso y en la imagen (mutilados, sables...) es admirable, 77 minutos aprovechados al máximo. La claridad, contundencia y, por otra parte, amabilidad del discurso son ejemplares. Lo único que no nos gusta es como "tradujeron" aquí el título (Broken lullaby), fueron a lo fácil: Remordimiento, ya puestos mejor Redención que va más con la solución que se da en la peli al conflicto.

La chica de Ozon (Paula Beer) nos ha gustado mucho y la versión original, magnífica, combinando los dos idiomas. Un valor añadido. Se echa en falta en las dos versiones que pusieran en su lugar al nuevo pretendiente de la chica.

Y concluimos: la primera versión "Remordimiento" de Lubitsch es una Obra Maestra y la segunda, su remake, Frantz de Ozon un Peliculón.

C4: Cuatro Chicas de CineCercano


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